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“El papiro de Ani”: un libro para la eternidad

La española CM Editores presenta en primicia mundial la primera y única edición facsímil de la versión más conocida y valorada de «El libro de los muertos» que se conserva en el British Museum desde 1888.

La historia del arte, sobre todo del arte antiguo, está salpicada de saqueos, expolios y, a veces, de atrocidades irreparables, como la cometida por Ernest Wallis Budge, agente de compras del British Museum que en 1888 adquirió «El papiro de Ani» y lo troceó en 37 hojas para facilitar su manejo. Para entender su importancia hay que preguntarse primero qué es «El libro de los muertos», una obra fundamental en el antiguo Egipto que contenía un compendio de pautas, conjuros, oraciones, letanías, fórmulas mágicas y recitaciones que debían seguir los egipcios una vez fallecidos hasta presentarse en el juicio de Osiris, el dios de la resurrección, la vegetación y la agricultura, símbolo de la fertilidad y la regeneración del río Nilo. Rodeado de 42 jueces, se dirimía el pesado de la pureza del alma, que le garantizaría o no su paso a la vida eterna. «El libro de los muertos» era crucial para garantizar la futura resurrección, el pasaporte necesario para ir al más allá; sin él podía se sufrir una segunda muerte que supondría su total destrucción.

El interés de la cultura egipcia por la muerte y la vida conllevaba la creencia en estas fórmulas y sortilegios para lograr el tránsito al otro mundo y renacer de nuevo. Hasta los más humildes procuraban al difunto una tumba, un ajuar con utensilios cotidianos y, entre los más pudientes, joyas y pequeñas figuras con aperos agrícolas, los «ushebtis», que necesitarían en la otra vida. Inicialmente, los jeroglíficos se escribía en las paredes de las pirámides, conocidos como los «Textos de las pirámides» (dinastía V-VII), los escritos religiosos más antiguos de la Humanidad; después pasaron a los sarcófagos («Textos de los sarcófagos») y, con el tiempo, fueron copiados sobre papiros ilustrados con viñetas de gran riqueza que representaban al difunto en su viaje y que ponían en la tumba junto al cadáver y el resto de su ajuar mortuorio. Ese fue el origen de lo que conocemos como «El libro de los muertos», pero los papiros eran muy caros, un rollo podía suponer la mitad de la paga anual de un campesino, por eso la mayoría de sus propietarios eran miembros de la élite social. Inicialmente, de hecho, solo estaban reservados a la familia real.

Único en el mundo

La editorial salmantina CM Editores ha presentado por primera y única vez una edición en facsímil de «El papiro de Ani», el libro de los muertos más sobresaliente del antiguo Egipto, 23.6 metros divididos en 37 secciones de jeroglíficos e ilustraciones de extraordinario interés y belleza realizadas en papiro auténtico, cuyo original custodia el British Museum desde 1888. Sólo han realizado 999 ejemplares que se venden a 10.800 euros cada uno y bajo certificación notarial. Daniel Díez y Pedro Iribarnegaray son los responsables de esta editorial dedicada desde 2007 al facsímil, a la reproducción de textos y códices antiguos. Se embarcaron en este reciente proyecto con un doble objetivo, explica Díez: «Poner a salvo el original, que se protege así al permitir estudiar e investigar sobre una copia, al tiempo que posibilita una mayor difusión. Ya hay unas 20 universidades americanas que han reservado una copia, con ella podrán trabajar mejor que en una página web», asegura. Los destinatarios son en principio universidades, grandes archivos y bibliotecas. «La segunda vertiente por la que se hace –prosigue– es por los coleccionistas, que les gusta tenerlos, no tanto para estudio, sino para disfrutarlos. El mero hecho de poder hojear una copia casi exacta les produce placer».

«El libro de los muertos» es un texto sagrado –el libro religioso más antiguo del mundo– que se ha comparado con la Biblia o con el Corán. En él aparecen todas las pruebas que los difuntos tenían que pasar en el inframundo para alcanzar la inmortalidad. Su existencia era ya conocida en la Edad Media. El facsímil publicado por CM Editores incluye «La oración del ciego», muy similar en la estructura al «Padre Nuestro». Cabe destacar también el famoso capítulo 125, el «Pesado del corazón» que tiene lugar durante el juicio de Osiris, donde el difunto es guiado por el dios Anubis ante la presencia de Osiris. Allí debe jurar que no ha cometido ningún pecado de una lista de 42 posibles, mediante la recitación de la llamada «Confesión negativa». El corazón del difunto era pesado en una balanza ante la diosa Maat, que encarnaba la verdad y la justicia, representada como una pluma de avestruz. La balanza en equilibrio significaba que el difunto había llevado una vida ejemplar, tras lo que Anubis lo llevaba hasta Osiris y podía encontrar su sitio en el más allá. Si el corazón en la balanza no estaba en equilibrio, lo esperaba la temible bestia Ammyt, «la devoradora», para engullirlo y mandarlo a un final poco placentero.

El escriba y la sacerdotisa

«El papiro de Ani», descubierto cerca de Luxor, es la versión más conocida de «El libro de los muertos», uno de los textos más antiguos y mejor conservados en la historia de la humanidad que narra el viaje al más allá del alto funcionario y escriba real, Ani, junto a su esposa Tutu, una sacerdotisa de alto rango como indican las joyas con que aparece representada. Su escritura jeroglífica, realizada por tres escribas en papiro pintado a mano, se remonta a la dinastía XVIII, entre 1250 y 1300 a. C. y es el de mayor número de capítulos entre los textos encontrados, decorados con dibujos que explican cada paso del juicio de Osiris. Su gran tamaño y lo profuso de su decoración nos dan una idea de la posición social y las riquezas de Ani y su esposa, pero éstas no les evitaron la travesía a través de la «Duat», el inframundo, lugar donde se celebraba el juicio y donde el espíritu del difunto se enfrentaba a todo tipo de peligros y seres malignos para llegar a la «Aaru», el paraíso donde reinaba Osiris y en el que sólo cabían los espíritus de corazón puro.

Según explica Díez, las dificultades técnicas para hacer este facsímil han sido muchas, empezando por el soporte. «Estamos acostumbrados al papel y en este caso era papiro, una planta, es decir, materia orgánica. Para hacerlo exacto tuvimos que importar de Egipto 72.000 pliegos de papiro con toda la dificultad de trámites burocráticos para pasar las aduanas que eso conlleva y, posteriormente, conseguir que el museo británico accediera a colaborar, que vieran que nuestro trabajo es sólido y fiable, respaldado por importantes entregas como las que hemos hecho para el Vaticano. No dejan a cualquiera embarcarse en este proyecto –explica el editor–, solo a una editorial con prestigio y recorrido avalada por un trabajo bien hecho».

Finalmente, debían reproducirlo con exactitud. «Para los 3.300 años que tiene el original está en un estado de conservación muy bueno, pero tiene rotos, agujeros, imperfecciones e irregularidades en los bordes. Nosotros hemos mantenido todo, incluidos los defectos para que el nivel de reproducción sea absoluto, una copia exacta del original». Pero no ha sido fácil, las dificultades técnicas han sido considerables y se han necesitado cuatro años de trabajo. «Ha habido que siluetearlo y buscar una tecnología especial para imprimir sobre papiro, que hasta hace unos años era imposible, no existía, por lo que es algo absolutamente novedoso –asegura el editor–. Tecnológicamente ha sido un reto enorme, nadie se había aventurado hasta ahora a imprimir sobre papiro, por eso estamos contentos de superar esta prueba».

El facsímil va acompañado de un libro de estudio con la traducción completa de los jeroglíficos y una explicación pormenorizada de las imágenes. «Hemos tenido la suerte de que colabore con nosotros el egiptólogo y ex ministro de antigüedades egipcio, Zahi Hawass, una institución en el mundo de la egiptología. Además, hemos cuidado mucho la presentación. Como los papiros se metían dentro del ataúd, junto a un escarabajo, símbolo de la resurrección, lo hemos diseñado en esa línea, que pueda dar la sensación de abrir un sarcófago. Una caja hecha con una madera de raíz de nogal barnizada junto con una tela especial ignífuga que lo recubre y lo conserva de las variaciones de humedad. Una presentación de lujo para que quien lo atesore como objeto de coleccionismo pueda disfrutarlo aún más», concluye.

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